La importancia de la fisioterapia para combatir la ELA

La importancia de la fisioterapia para combatir la ELA

Según el Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM), las sesiones de fisioterapia ayudan a mejorar la calidad de vida de las personas con esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y minimiza el riesgo de contraer posibles infecciones, uno de los grandes inconvenientes de la enfermedad. El pasado domingo 21 de junio fue el Día Internacional de la ELA, una fecha marcada en rojo en el calendario por toda la sociedad, ya que es una enfermedad que actualmente no tiene cura.

Los fisioterapeutas destacan la importancia de los tratamientos en las personas con ELA, ya que los músculos de estas personas son “incapaces” de generar una fuerza adecuada. Por lo tanto, es primordial mantener estos músculos en las mejores condiciones posibles. Los músculos respiratorios también se ven afectados por la enfermedad, por ello es necesario realizar un correcto mantenimiento para retrasar su deterioro funcional.

“Los fisioterapeutas son los profesionales sanitarios encargados de indicar al paciente cómo trabajar y fortalecer esa musculatura respiratoria desde el inicio, enseñando una correcta respiración diafragmática y manteniendo la movilidad y elasticidad de la caja torácica”, ha explicado la secretaria general del CPFCM, Montserrat Ruiz-Olivares.

Los fisioterapeutas realizan una labor primordial para combatir la ELA. Y es que, sus tratamientos tienen un triple enfoque: terapéutico, educacional y paliativo. “Terapéutico encaminado al tratamiento de los efectos y consecuencias producidos por la degeneración neuromuscular, educativo porque enseñamos pautas para reducir o retrasar las consecuencias de la pérdida de funcionalidad y paliativo, que estará encaminado a ofrecer herramientas que mejoren la calidad de vida y disminuyan el dolor en las etapas más complicadas de la enfermedad”, ha explicado Ruiz- Olivares.

Por ello, al comienzo de la enfermedad, el tratamiento se enfoca hacia una terapia activa, con el objetivo de mantener la funcionalidad musculoesquelética y cardiorrespiratoria. Las siguientes fases del tratamiento serán activas-asistidas y pasivas, empleando movilizaciones, estiramientos, tratamientos posturales y terapias manuales.

“Es muy importante la educación del paciente en el auto-tratamiento y en el manejo de ayudas técnicas, así como de la propia familia, que será muy partícipe de la enfermedad. En este punto, es clave la información y la formación. Información sobre la enfermedad y formación sobre cómo abordarla dando recomendaciones y enseñando ejercicios, posturas antiágicas o movilizaciones”, ha añadido Ruiz-Olivares.

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